MI CURRÍCULUM

Hola, soy Rubén Montesinos y nací un 9 de abril de 1976 en Elche (Alicante). En el pasado fui un mal estudiante, que poco a poco fue enmendado sus errores de juventud y acabé Licenciándome en Psicología por la Universidad Jaume I de Castellón (UJI), especializándome en el área de los Recursos Humanos. Posteriormente realicé un Master en Dirección de Personas y Desarrollo Organizativo (DRHO) en ESIC Valencia. Después de unos años trabajando decidí diversificar mi formación con un Master en Dirección y Administración de Empresas por la Universidad Miguel Hernández de Elche. Viviendo en Alicante era inevitable pasar por su escuela de negocios, así que además de seminarios específicos en diferentes materias, realicé un Cursos Superior de Asesoría Laboral de Empresas en Fundesem. Me considero aprendiz de todo y maestro de nada, una persona muy versátil y con muchas inquietudes profesionales.

Las áreas en las que más cómodo me encuentro son las relacionadas con el liderazgo, la motivación y la dirección de equipos. Mi sueño es ser un buen formador y transmitir toda la pasión y fuerza que llevo dentro a los demás. La escuela de la vida me ha enseñado la capacidad que tienen los seres humanos para superar obstáculos, que las personas no tienen límite si se lo proponen y que el amor es el motor de toda nuestra existencia.

Me encanta el deporte pero creo que no estoy hecho para el, aunque lo intento desde niño. Me gustan todos los deportes pero últimamente me estoy centrando en el running y en la mountainbike. De momento únicamente he corrido medias maratones pero estoy al acecho de los 42,195 metros. Con la bici únicamente trato de sobrevivir.

Me encanta viajar y conocer otras culturas y otras formas de entender la vida, no descarto cambiar de país de residencia en un futuro.

A nivel personal me considero muy familiar, adoro a mi hija Candela, a mi mujer Mª Jesús y a toda mi familia, en especial a mi padre… mi héroe…

 

¿Miedo al feedback positivo?

 

Pace 11Hace unos días para cerrar una formación en Coaching Ejecutivo, la formadora nos sentó a todos los alumnos en semicírculo. Había dejado una silla vacía y por turnos teníamos que ir sentándonos en ella. Una vez que te sentabas tenías que permanecer en silencio, mientras tus compañeros te daban feedback positivo en función de lo que tú les habías trasmitido durante las innumerables mini sesiones de coaching que habíamos realizado entre nosotros.

 Mis compañeros fueron sentándose de uno en uno en la silla vacía mientras el resto de compañeros les decíamos innumerables adjetivos positivos, cualidades y sentimientos que nos trasmitían. Mientras hacíamos el ejercicio me fui dando cuenta de que era muy potente, que la gente salía súper motivada, con un chute de confianza y con las emociones a flor de piel. Decíamos cosas como; emprendedor, luchadora, profesional, empático, creativa, motivador, paz, tranquilidad, dulzura, transparente, líder, segura… hasta sexy se oyó en la sala.

Imaginaros el chute de positividad que se le trasmitía a la persona que se sentaba en la silla era increíble ver el lenguaje corporal de mis compañeros… fue alucinante, pero al mismo tiempo también parecían incómodos. Llegó mi turno y se repitió el proceso, me senté en la silla y mis compañeros me dieron feedback positivo. En ese momento corroboré mi teoría.

No estamos acostumbrados a recibir feedback positivo y menos en esa cantidad y en esa magnitud. ¿Cuándo fue la última vez te dijeron lo bien que lo habías hecho en el trabajo? ¿Cuándo fue la última vez que tu mujer o tu marido te dijo lo bien que cocinas, bañas a tus hijos, planchas la ropa, etc? ¿Cuándo fue la última vez que tus amigos te dijeron lo mucho que te quieren? No estamos acostumbrados a recibir feedback positivo porque no lo solemos dar.

Vivimos en un mundo donde prima el feedback negativo. En el mundo de la empresa he oído infinidad de veces la frase “nunca me han dicho si lo hago bien pero sino me dicen nada será porque no lo haré muy mal” y lo peor es cuando me dicen “Aquí sólo hablan contigo si lo has hecho mal así que si no te dicen nada es que vamos bien”. No estamos acostumbrados a recibir feedback positivo por eso nos cuesta aceptarlo cuando lo recibimos. Nos sentimos mal, parece que nos sabe mal oír cosas buenas de nosotros y que igual se nos sube a la cabeza.

Por favor, háganse el favor de decirse lo increíbles que son, de expresar las cosas buenas que hace el otro. Así cuando tengan que dar feedback negativo sabrán que lo hacen con criterio, si sólo saben decir lo malo y no lo bueno nunca generarán crecimiento en su gente.

¿Qué opináis al respecto?

Un abrazo

 

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  • Opino que tienes toda la razón. Hay muchos manuales, artículos, videos, que proponen el refuerzo positivo. Pero parece que se queda ahí… en teorías. No hemos recibido este tipo de formación y nos resulta complicado cambiar. Solemos repetir las actitudes que tuvieron con nosotros nuestros padres, educadores…
    Ojalá seamos capaces de realizar estos cambios positivos. Comenzando con las personas más cercanas. Expresar lo bien que hacen las cosas, lo bien que nos hacen sentir: a nuestra familia, nuestras amistades. Podemos entrenarnos en nuestro círculo más íntimo, para ir luego extendiéndolo a otros ámbitos.

    10/02/2014 at 11:48
  • Ana Sevilla
    Responder

    Yo hago el baño de confort con mis alumnos, pero lo escriben en una hoja de forma anónima y soy yo la que lo leo para que no sepan quién es el autor. Cuando les toca su turno se hacen pequeñitos, pequeñitos, les da mucha vergüenza. oir que todas esas cosas buenas las piensan sus compañeros de ellos… pero en la siguiente clase todos comentan que es una experiencia grandiosa, un chute de energía positiva en vena, que salen con las pilas cargadas, y que no paran de hablar del tema en días… Creo que saber recibir alagos es difícil, pero hay que empezar a practicar, dar y recibir, no sólo es importante darse cuenta de los errores, también saber que es lo que hacermos bien para seguir haciéndolo.

    10/02/2014 at 14:57
  • Hola Ruben,
    Que buen ejercicio y que todos podemos aplicar..porque no todo se responde con feedback negativo, sino que también hay que decir lo que están o estamos haciendo bien. Dando feedback positivo conectamos construimos empatizamos, hacemos equipo y aprendemos
    Un abrazo,
    Mirka

    11/02/2014 at 0:47
  • Me encanta este tema, porque es cierto que es mucho más potente un elogio que una crítica. El elogio motiva, da confianza y seguridad en uno mismo… Incluso una queja sobre algo que nos ha molestado es mucho más potente que la crítica que ataca y culpa directamente a la persona (según Daniel Goleman, autor de “Inteligencia Emocional”).
    Sin embargo, estamos en una sociedad donde cuesta mucho elogiar y, ¡ojo!, también recibir elogios. En cambio, cuesta muy poco ir lanzando críticas (ententido como feedback negativo).
    Empezando por la infancia, hay muchas investigaciones que indican que, por cada elogio que se le hace a un niño, se le regaña 9 o 10 veces por cosas que hizo mal… Elogiemos a nuestros niños, de manera que cuando crezcan, les sea más fácil elogiar y recibir elogios.

    12/02/2014 at 0:34
  • florent
    Responder

    Hola rubén,

    Ayer hice lo mismo con mi equipo comercial con una variante:
    En vez de hacerlo a cara descubierta, la persona sentada llevaba un antifaz.
    Al no saberse “observado”, el “elogiador” se siente mas libre.
    Al no “ver”, el “elogiado” recibe una autentica ducha de refuerzos positivos sin tener que enfrentarse al “juicio” de la mirada ajena (es curioso experimentar lo que uno se empequeñece cuano le quitas la vista)

    Los efectos se multiplicaron por diez.

    Eso si, aconsejo no hacer este tipo de ejercicios “en frío”.
    Es un proceso muy muy potente que puede producir efectos inesperados si previamente no se ha instaurado un clima adecuado de confianza, respeto y seguridad.
    Y …llevar muchos antifazes porque hay que cambiarlo despues de cada turno….
    Un abrazo compañero

    13/02/2014 at 10:51
  • Evaristo Flor
    Responder

    Gracias Rubén,
    por tu capacidad de hacer estos artículos expresando de forma sencilla lo que podemos pensar (experimentar) otras personas, pero nos resulta más complicado expresar por escrito y nos gustaría compartir.
    He vivido en persona esta experiencia en el Programa de Coaching Ejecutivo que realiza CECE y es increíble escuchar como te ven las personas que están a tu lado.
    Cuando empiezas a escuchar los refuerzos positivos, piensas: !!Asi soy yo, así me ven!!…se agradece ese refuerzo, que te impulsa emocionalmente a creer en ti mismo.
    En el día a día es más complicado recibir este tipo de refuerzos.
    ¿Se podrían provocar situaciones para recibirlos?
    Una opción serían los autorefuerzos.
    Somos lo que nos decimos (mentalmente) a nosotros mismos.
    ¿Necesitamos escucharlos de los demás?

    No suelen decirte lo positivo, pero tampoco preguntamos.

    Si queremos ser mejores profesionalmente o personalmente, ¿por qué no desarrollar la habilidad de preguntar a los demás, qué podríamos hacer para mejorar nuestra relación/gestión/etc. con ellos?

    Por ejemplo: ¿me podrías decir que hago bien y que crees que podría hacer mejor en…?

    Un abrazo Rubén, muy contento de haber dejado mi primer comentario en el blog de alguien al que considero un gran profesional y mejor persona.

    26/02/2014 at 12:06

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